14.11.17

Sobre la historia de Uspallata, nueva sede del Gobierno porteño II

por Claudio Salvador*

Las quintas

Las historias barriales reseñan la presencia de quintas en la zona; algunas de varias hectáreas, otras más pequeñas; una de las más recordadas es la de Francisco Moreno, donde hoy está el Instituto Bernasconi; otra era la de la familia Escalada, en Caseros y Monasterio; después pasó a Navarro Viola.
Para instalar los mataderos en la zona se compró el terreno de Mejía; quedaron otros en los alrededores, como el de Day; la manzana objeto de nuestro estudio, donde hoy está la Nueva Sede de Gobierno,
corresponde a la entonces quinta de Florencio Lima.
Muchas eran quintas de descanso, aunque algunas tenían alfalfares, árboles frutales y otras plantaciones.
Dice Sáenz, en “La amistad de alguno barrios” que “extensos predios, con dimensiones de chacras, señalan los viejos catastros a su rumbo, tales los de Rocca, Bustamante y Nicolás Nocetti. Un poco más al poniente quedaba el de Quintana”
En el mapa de Aymez de 1866 se ve el ferrocarril desde Once que proyectaba extenderse hasta el Riachuelo, y seguir hasta La Boca; aparecen los nuevos corrales; mientras que el matadero en uso estaba a corta distancia de la zona urbana, estos nuevos corrales estaban en una zona descampada, a más de un kilómetro del área urbana amanzanada.
Se ven muy pocos caminos en esta parte de la Ciudad.
La zona de quintas sufrió un cambio importante cuando se instaló el matadero en la meseta.
Comenzaron actividades relacionadas con el aprovechamiento de subproductos de la ganadería, se instalaron tranvías para trasladar a la gente, y con el tiempo se fueron ubicando viviendas.
Al mismo tiempo se instalaron en la zona actividades “indeseables” para el área urbana, como la disposición de las basuras; en general no parecen compatibles con el matadero si se lo considera como fuente de un importante alimento, que debe guardar medidas de higiene, pero si se lo ve como una actividad que movilizaba diariamente gran cantidad de animales que entraban por el barro, y cuya faena generaba olores, y desperdicios líquidos, empieza a comprenderse la ubicación: El matadero era una actividad indeseable más.
Parte de las actividades se ubicaron en el actual barrio de Parque de los Patricios, otras en los actuales barrios de Barracas y Nueva Pompeya.
Durante muchos años se estableció una población marginal en la zona, El Pueblo de las ranas; estaba centrado en Amancio Alcorta y Zavaleta, pero tenía una gran extensión.
Coni escribió en el diario La Prensa al respecto: “Provisto de un gancho que sirve de rastrillo, de forma diminuta, casi un juguete de niño, todos inclinados y apiñados sobre el tumbado carro, revisa hábilmente los residuos, aparta en ellos los huesos, vidrios, papeles, trapos, legumbres”.
En la zona también se realizaron otras actividades que no parecen acordes al matadero; una de ellas es la descarga de materia fecal en un terreno municipal frente a los mataderos.
En los años siguientes se sucedían subdivisiones y loteos que marcaban el camino de la urbanización; sin embargo, al sur del matadero, (y luego del Parque) fue muy lento el amanzanamiento, como se puede ver en sucesivos planos.
No hubo un planeamiento urbano, sino que se inició la actividad de los corrales y mataderos, y rápidamente se fue estableciendo una población, sobre todo del otro lado, en las actuales Urquiza y Rioja, donde se conformaron algunas manzanas pobladas. También se establecieron tranvías que permitieron la comunicación con el núcleo urbano de la ciudad.








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