12.6.12

Un visionario en Buenos Aires-Le Corbusier

El 3 de octubre de 1929, el suizo Le Corbusier, uno de los arquitectos más influyente del siglo XX, visitó Buenos Aires y ofreció una conferencia en la que describió los males porteños que aún persisten. Le Corbusier, nacionalizado francés, nació un 6 de octubre de 1887 y falleció en 1965. Se lo considera un gran teórico de la arquitectura, diseñador, pintor y exponentes de la arquitectura moderna.. La conferencia en cuestión formó parte de un ciclo de diez charlas que brindó en Florida 659, invitado por la Asociación Amigos del Arte.


Aquí algunas de sus apreciaciones publicadas en "Le Corbusier en Buenos Aires 1929"




 He recorrido a pie numerosas calles de Buenos Aires y eso representa un kilometraje imponente, ¿no es así? He mirado, visto y comprendido… Debo hablarles de l’ esprit nouveau, a ustedes, que están en el Nuevo Mundo. Y bien, me pregunto si tendría fundamento hacerlo. Pues Buenos Aires es un fenómeno completo. Una unidad formidable existe aquí: un block único, homogéneo, compacto. Ninguna grieta. 
Sí: el interior de la casa de la señora Ocampo. Cómo entonces, osar decirles que Buenos Aires, capital sud del nuevo mundo, aglomeración gigantesca de energía insaciable, es una ciudad que está en el error, en la paradoja, una ciudad que no tienen espíritu nuevo, ni espíritu antiguo, pero simple y únicamente, una ciudad de 1870 a 1929, donde la forma actual será pasajera, donde la estructura es indefendible, insostenible como todos esos inmensos barrios de ciudades nacidos en Europa bajo el signo de una súbita expansión industrial de fin de siglo XIX, en la más lamentable confusión de fines y de medios. Historia de esas activas ciudades surgidas entre martillo y yunque: Berlín, Praga, Viena, Budapest, etc., o que sufren el empuje gigantesco del maquinismo: Paris. Por lo tanto aquí, en el fondo del Estuario del Río de la Plata, existen los elementos fundamentales. Ellos son tres bases eminentes del urbanismo y de la arquitectura: El mar y el inmenso puerto. 
La vegetación magnífica del parque de Palermo. El cielo argentino… Pero no se los ve por así decir, ni lo uno ni lo otro, en el interior de la ciudad. La ciudad está desprovista del mar, de los árboles y del cielo. Se descubre también ésta otra realidad que cuenta para una gran ciudad y que hace augurar un destino prodigioso: El estuario del río, gigantesca puerta por donde entran las cosas del mundo entero, la llanura que se encuentra con el mar y sobre la cual se puede elevar sin tropiezos una ciudad estremecida por lo sublime de la creación humana. Y ...tiene todo lo que es necesario para que la industria nazca y la arquitectura produzca. Eso que, en el mundo entero, se ha producido al comienzo de la época maquinista no es más que el fruto de una convulsión del espíritu y el efecto de un equívoco: Yo pienso fríamente que todo eso deberá desaparecer. …¿La ciudad? ella es la suma de los cataclismos locales, ella es adición de cosas desapropiadas; ella es un equívoco. La ciudad se ha convertido súbitamente en gigantesca: tranvías, trenes de los suburbios, autobuses, subterráneos hacen una mezcla cotidiana frenética. Qué desgaste de energía, qué despilfarro, qué falta de sentido.

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