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10/5/15

Cuando desembarcó la Pizza

Pizzería Banchero, en la avenida Corrientes actualmente, en La Boca
a mediados de 1900
En la edición Pizzerías de Valor Patrimonial, pequeño libro editado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que hacer referencia a una de las comidas favoritas de los porteños, el historiador Horacio Spinetto bucea por los orígenes de este plato que recaló para reproducirse en las mesas porteñas.
El autor sostiene que en "1882 el napolitano Nicola Vaccarezza elabora en un horno de La Boca (verdadero bastión genovés), ubicado en Moussy entre Brandsen y Suárez, el primer fainá porteño".
También señala que Ricardo Ravadero fue "un pujante genovés que se dedicó a la
venta callejera de pizzas, instalando, sobre caballetes de madera, el
“tacho” metálico, que con una llamativa tapa cónica, las contenía".

Para seguir en los orígenes de las pizzerías porteñas, Spinetto cuenta también que "en 1893 el ciudadano xeneise Agustín Banchero se afincó en La Boca y abrió una panadería en la calle Olavarría; cuenta la historia que allí se creó la exquisita fugazza con queso. Años más tarde, en 1932, Juan Banchero, acompañado por sus hijos, inauguró en la esquina de Almirante Brown y Suárez su célebre, y cada día mejor, pizzería. Por aquellos años Banchero contó con el destacado maestro pizzero don Mario Menoni".
“De la Boca, –cuenta Hermenegildo Sábat, en la revistaSección Aurea No 1 de diciembre de 1990, dedicada a estebarrio– las pizzerías comenzaron a diseminarse por todo BuenosAires. Pero el barrio xeneise quedó irremediablemente identifica-do con la creación de sus habitantes, hasta tal punto que cuandoBoca Juniors perdía, la hinchada contraria cantaba que la pizza se quemó”.
 Mientras que cuando Boca ganaba, la pizzería 5 y 5 de Montes de Oca al 800 por ejemplo, agotaba sus reservas de harina, razón por la cual bajaba la cortina para evitar posibles desmanes ante la falta de pizzas, afirma Spinetto.
Luego dice:

"La ya legendaria avenida Corrientes fue la segunda patria del plato. Pin
Pun, Güerrin, Serafín, Marín, Los Inmortales, Banchero Centro, Rey, Las
Cuartetas y El Palacio de la Pizza, así lo certifican.
Ignacio Xurxo, en su trabajo “De la humildad original de la pizza
a la media luz y los mozos con smoking”, dice: “Hacia los años trein-
ta y cuarenta, Buenos Aires se volvía adicta a la pizza. Casas como
Tuñín de la Boca multiplicaban sus locales. Las Cuartetas eran ya unit de Corrientes, calle donde la desinencia in tiene que haber sido
auspiciosa. Allí nacieron la mítica Güerrin, una casi contigua Stevin y,
luego, venida de Constitución, la legendaria Marín, fundada por
Raposo, un pontevedrés devoto del mejor aceite de oliva.
Aquellas fueron también las décadas del pizzero ambulante, de
delantal blanco y mostachos poderosos... cuyo show culminaba
cuando, con aire de compadre, empuñaba su gran cuchillo para
cortar las porciones con precisión quirúrgica. A la entrada y a la
salida de los estadios, las ofertas se multiplicaban; en esos días
pico, la mujer de cada entrepreneur era su apoyo tanto industrial
como comercial. Aquel producto trashumante aún sobrevive: se
vende en locales cerrados con el nombre de pizza de cancha o
canchera. Durante años, Pedrín el fainaero, uno de aquellos ven-
dedores, fue el ícono aceptado del club Boca Juniors. Había sido
creado en la radio y fue trasladado al papel por un dibujante leal.
Los años 30 fueron testigos del nacimiento de una pizzería que
con los años se convirtió en un clásico del rubro: Angelín, con local
en la avenida Córdoba 5270. Sus carteles indican: “Creador de la
pizza canchera”, pizza sólo con salsa y condimentos que solía ven-derse, fría, en las inmediaciones de las canchas de fútbol, también
llamada de tacho, en alusión al recipiente que encimadas una
sobre otra las contenía.
Otra de las pizzerías que hizo historia en La Boca fue Guastavín, a
cuyo local, en la vereda impar de Del Crucero (hoy Del Valle Iberlucea),
entre Suárez y Olavarría concurría una amplia clientela, apasionada por
su pizza de muzzarella, su fugazza y su crocante y apetitosa fainá.
Guastavín –cuenta Rubén Rodríguez Ponziolo– quedaba a pocos
metros de la tradicional farmacia “Cánepa”. Este destacado historiador y poeta boquense agrega que “en la esquina de Hernandarias y
Coronel Salvadores vivían dos hermanos que eran pizzeros ambulan-
tes, uno de ellos se instalaba todos los días, menos los jueves, en la
ochava de California y Garibaldi, mientras que ese día lo hacía en el
medio del Mercado Correa, también llamado Patricios, de la calle
Alvarado entre Irala y Hernandarias, con salida por la de Australia”.
En el local donde hoy se encuentra el Café Notable La Perla,
Don Pedro de Mendoza y Del Valle Iberlucea, funcionó allá por los
años cuarenta Dini, una pizzería que permanece viva en el recuerdo de no pocos veteranos de la ribera." Ver también Pizzas valor patrimonial