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4/1/20

CASA MÍNIMA Y ESCLAVO LIBERTO, UNA CURIOSIDAD PORTEÑA

Casa Mínima
De Tomada por w:es:Usuario:Barcex  
"A quien hoy pase por la esquina de las calles Defensa y San Lorenzo, sitio habitual del turismo y de los memoriosos de la ciudad, le será señalada una pequeña puerta antigua que es designada con dos nombres propios: la Casa Mínima y/o la Casa del Esclavo Liberto. Y pese a que ambas denominaciones son estrepitosas mentiras, tan absurdas que ni siquiera tienen sustento o que surgieron hace poco menos de veinte años, no sólo se lo sigue repitiendo sino que ha pasado a las guías de la ciudad y se ha consolidado el mito. Tanto que ya ni siquiera importa discutirlo, ahora lo que interesa es entender porqué lo que fue la puerta de servicio de una gran residencia de una familia aristocrática, se transformó en otra cosa, es más, con dos nombres propios". Así comienza la presentación del libro "Los conventillos de Buenos Aires. La Casa Mínima, un estudio arqueológico".
El coordinador del estudio arqueológico, que viene nutriendo con sus investigaciones estas páginas, es Daniel Shávelzon, quien explica:
"Nos interesó este lugar en la ciudad porque era un caso excepcional para estudiar las transformaciones de la
vida doméstica en Buenos Aires a lo largo de un siglo y medio, ver como de una primera modesta construcción se pasó a una gran residencia, la que luego se demuele parcialmente y subdivide en cinco para hacer en ella dos grandes conventillos y tres casas de alquiler. Una de ellas terminó siendo, una vez recortada para adaptarla al mito de ser mínima -entiéndase bien: se achicó la casa para que coincida con la mitología urbana- es decir: se hizo esta casita. El proceso pareció fascinante y es lo que se estudió desde la arqueología y desde la historia. A partir de allí nos preocupó entender la génesis del conventillo propiamente dicho como hábitat, su tipología y características, que son los otros aspectos que se tratan en el libro. 5 En la década de 1970 Buenos Aires vivió un complejo proceso de recuperación del barrio de San Telmo, impulsado por diversos motivos. Se generaron actividades como la feria de anticuarios en plaza Dorrego, se construyó la historia mítica del San Telmo colon ial (es arquitectura del siglo XIX tardía en su mayor parte y del siglo XX temprano el resto, no colonial), se impulsó el turismo, la radicación de anticuarios y la restauración de varias casas, incluyendo la instalación del Museo de la Ciudad que tanto ha hecho por este proceso, encabezado por José María Peña. Fue en esos años cuando la memoria de la ciudad se centraba en este pequeño sector, según algunos para liberar a la especulación inmobiliaria salvaje todo el resto -para catalizar las culpas dirán los más psicológicos-, que alguien compró un sector de la vieja Casa Peña, precisamente esa casita que había quedado de su subdivisión y la arregló para hacer la Casa Mínima. Por supuesto lejos estaba esta persona de imaginar siquiera eso: simplemente conservó buena parte de lo que había por su sabor antiguo, acorde a la nueva moda del barrio, cerró las puertas y ventanas de las paredes interiores que aun indicaban que esto era parte de algo más grande y eso fue todo. Al que la veía de afuera no le quedaban dudas que era diferente de las casas vecinas, nada indicaba que por dentro antes fueron una sola que llenaba un cuarto de manzana. El resto lo hizo el imaginario colectivo que necesitaba nuevos lugares para la memoria, este era perfecto, diferente, raro y conservado"
Para Schávelzon "Si el patrimonio arquitectónico es destruido, el imaginario se fija en lo que queda, en donde puede, si no hay casas coloniales -no hay una sola entera en todo San Telmo, solo alguna fachada alterada y unas paredes interiores- inventamos un barrio entero, si no hay casas originales, usamos lo que haya suelto para cargarlo de nuevos contenidos, si no hay historias por contar, inventamos las que sean necesarias. Ese segundo paso se dio poco tiempo más tarde; así como la Casa Mínima nació con la democracia en mitad de la década de 1970, nuevamente en la mitad de la década siguiente, con el regreso de la democracia, la memoria hizo otro juego: comenzó la recuperación de la historia de los grupos sociales marginados del pasado, en especial los afroporteños, los negros, ese 35% de los pobladores de Buenos Aires que habían sido borrados, desaparecidos de la historia del Liberalismo"