9.12.12

Rescate de la Confitería del Molino



  • Es un monumento histórico nacional.
  • Ejemplo del Art nouveau
  • Símbolo de la política criolla
  • El Senado votó su expropiación en noviembre de 2012. 
  • . Allí nació el Grupo político “el Molino” en los ‘90
  • . Madonna filmó en la confitería
  • . Sus postres y su pan dulce también hicieron historia.


 Lilita Carrió siempre cuenta que cuando era chica y la traian desde el Chaco de visita a Buenos Aires, mi abuela Virginia y la madre la llevaban a tomar el té al Molino. 
El padre de Lilita siempre andaba cerca de Arturo Illia por esa época.
Un clásico de la confiteria era el Saint Honore, una torta que lleva base de hojaldre y bombas con la crema St. Honoré. El Molino la hacía pero había que encargarla con 48hs de anticipación. 
Era el único lugar donde la elaboraban con la receta original francesa. Yo llegué a encargarla una vez y era excelente.
              Rubén Rabanal (periodista, nieto del exintendente porteño Francisco Rabanal).


Tal vez se expropie, por fin, la Confitería El Molino, tras haber obtenido sanción del Senado una ley para convertir el lugar en un Centro Cultural.  Su cúpula, su diseño, sus instalaciones y su historia, merecen ese rescate postergado desde que en 1997 cerró sus puertas.
“La Asociación internacional World Monuments Fund, la organización privada sin fines de lucro más destacada, dedicada a la conservación del patrimonio histórico, artístico y arquitectónico a nivel mundial, incluyó en su listado de cien sitios culturales en peligro al centro de Buenos Aires, y dentro de él, a la mítica “Confitería del Molino”, señalan los fundamentos de la ley que aprobó el Senado, autoría de Samuel Cabanchik (ex Carrió).
El deterioro de la Confitería se acelera y aún hay problemas de papeles y de dueños para convertirla en un símbolo de la historia política, y económica, del país. De concretarse, le ganaría el Congreso a la Ciudad de Buenos Aires que no ha mostrado interés en los últimos años en recuperarla. De acuerdo al proyecto, el Centro Cultural dependería de las Cámaras.

Recuerdo que a principios de 2004, cuando se inició el ciclo Buenos Aires Ida y Vuelta en Radio Ciudad -que conduje hasta el año pasado (convertido en Buenos Aires me Atrapa) – los domingos de 6 a 9, la primera nota que hicimos fue sobre el Molino. Casi nada cambió, solo pasó el tiempo y se nota cuando se mira una de las esquinas más transitadas de la Ciudad junto al Congreso y en diagonal a una plaza que hoy está bastante descuidada y desbordada de miradas de turistas.
La historia del Molino contiene además la historia de uno de los grandes arquitectos que dejaron su obra en las calles porteñas, de acontecimientos variados y también de su receta de pan dulce que tantos añoran.
El italiano Francesco Teresio Gianotti, encaró su construcción después de haber terminado la Galería Güemes, destacado edificio de la peatonal Florida.


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"Las chicas de Flores tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino" (Oliverio Girondo)

Dos maestros pasteleros con gran éxito en la Ciudad de Buenos Aires invirtieron para tener una nueva sede.
Constantino Rossi y Cayetano Brenna compran por 1858 la “Confitería del centro” en la esquina de Federación y Garantías (actuales Rivadavia y Rodríguez Peña). Cerca estaba el Molino de Lorea, un ebanista célebre en la ciudad, quien junto a su esposa fue asesinado por los ingleses durante las invasiones. Aquel fue el primer molino harinero de la ciudad de Buenos Aires. Le cambian el nombre por “Antigua Confitería El Molino” que luego se convertirá en Nueva Confitería el Molino.
Dice Vicente Cutolo en su Historia de los Barrios que la rebautizan “por la tendencia general de los comerciantes vecinos que referían los nombres de sus negocios a un molino de viento existente en el  espacio que más tarde ocupó la Plaza del Congreso (Sombrerería del Molino, Relojería del Molino, Almacén del Molino)”. De acuerdo a este autor, desde 1886 es Confitería del Molino y Brenna “pionero del arte de la repostería en nuestro país”.
El 26 de febrero los pasteleros se trasladan a la actual esquina de Callao y Rivadavia, frente al lateral del Congreso, institución que dio el nombre al sub barrio, que en realidad se trata de Balvanera, geografía que comparte con otro sub barrio, el Once.
En 1914 se le encargan las obras a Gianotti y el nuevo lugar se inaugura el  9 de Julio de 1916, cuatro años después de la inauguración de la Plaza del Congreso y cuando la ciudad ya contaba con la línea A del subterráneo, la primera de Sudamérica.
La construcción que emprendió Gianotti no fue solo de la Confitería del Molino, sino también de su planta alta, con oficinas y viviendas para alquilar. Se trató de una remodelación del inmueble de Callao 32 que tenía planta baja y cinco pisos y la  unificación con el aledaño de Rivadavia 1815 que Brenna compró entre 1911 y 1913.

En los episodios violentos de 1930, la confitería El Molino se incendió y debió ser reconstruida. El pastelero Brenna murió en 1938 y la explotación del comercio pasa a Antonio Armentano, que más adelante lo vende a los dueños que terminan quebrando el negocio. Entonces, los nietos de Cayetano Brenna compran la confitería y la mantienen.
 En 1992 la Ciudad de Buenos Aires declara Área de Protección Histórica (APH) al predio, pero no logró sobrevivir: el 24 de enero de 1997 cerró. Fue declarada MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL el 24 de octubre de ese año,  a través de decreto nacional 1110/97 .

El edificio

El terreno tiene unos 890 metros cuadrados y la superficie edificada ocupa 5900 m2.
La idea de la construcción fue extender las instalaciones sin alterar el funcionamiento del negocios. Se proyectó un salón para la confitería en la planta baja, dos para fiestas, el “Gran Molino” y  el “Versailles” en el primer piso, una fabrica de masas y
ocho departamentos de vivienda u oficinas para alquiler.
Junto con la Galería Güemes, El Molino fue una de las primeras obras en las que usó hormigón armado con encofrados y pretensados prefabricados en la Ciudad de  Buenos Aires
El arquitecto Gianotti encargó materiales a Italia para la construcción, como puertas, ventanas, manijas de bronce y cristales. Su diseño incluye más de 150 metros cuadrados de vitrales. El edificio cuenta con tres subsuelos, una planta baja y cinco pisos. Contó con salones para fiestas, una fábrica de hielo y bodegas además de deopósito.
Su fachada sobre la ochaza es simétrica, revestida en piedra París y se dice que los adornos tienen influencia veneciana. La cúpula y las aspas del Molino le dan su característica coronadas con vitrales art Noveau.

Las especialidades


Recuerda la Agrupación “Para que se Restaure la Confitería El Molino” que  tras su inauguración “fue tomada como el punto de encuentro de la alta burguesía y de reconocidas personalidades, para tomar el té y comer su excelentes y reconocidas masitas, medialunas, pan dulce, marrón glacé, panettone de castañas y el imperial ruso (que en Europa se llamaba “postre Argentino” y que fue creado por Brenna para solidarizarse con la dinastía zarista cuando los bolcheviques asaltaron el Palacio de Invierno)”
También aseguran que Carlos Gardel pidió la elaboración de un postre especial para su amigo Irineo Leguisamo y  así se inventó “El Leguisamo”.
La frecuentaron Lisandro de la Torre, Leopoldo Lugones, El tenor Tito Schipa, Lili Pons, Niní Marshall, Libertad Lamarque, Eva Perón, Alfredo Palacios, Oliverio Girondo, José Félix Uriburu, Marcelo Torcuato de Alvear, Amado Nervo, Ramón Gómez de la Serna, La infanta Isabel de Borbón, y más cerca del tiempo una lista larga de políticos argentinos.
En agosto de 1994  de la mano de Carlos Chacho Alvarez, titular del Frente Grande, se llevó a cabo un encuentro en la Confitería del Molino, del que participan, además de Álvarez,
Federico Storani de la UCR, José Bordón del PJ y Rodolfo Terragno. Fue clave para derrotar al menemismo aunque luego fracasara en el 2000 la extinta Alianza.

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