14.7.12

Historia de los Arboles Históricos


"Llegará el día en que nuestra desolada campaña esté cubierta por árboles racionalmente distribuidos". Benito Carrasco

El Día del Árbol, una costumbre copiada de los Estados Unidos, comenzó a celebrarse en el país en 1901, pero recién en 1913 comienza el proceso de considerar algunos ejemplares como monumentos históricos. Simultaneamente, o quizá con anterioridad se proponía la plantación de árboles, algo así como devolverle a la tierra lo que se le había quitado.
Puede recordarse en esa misión a Domingo Faustino Sarmiento, a Carlos Thays, padre insuperable del paisajismo de la ciudad de Buenos Aires, pero no hay que olvidar a Enrique Udaondo, quien realizó, en un extenso e importante trabajo de la Sociedad Forestal Argentina, una recopilación de ejemplares que merecían mantenerse con su memoria.

Arboles históricos de la República Argentina”, se tituló la obra editada en 1913 y marcó el inicio de esa proyección.
En la ciudad de Buenos Aires el primer árbol catalogado fue el Aguribay del Perito Moreno, pero ya Udaondo había señalado ejemplares desaparecidos en todo el país, y de la ciudad de Buenos Aires marcó el algarrobo próximo al Riachuelo donde sesionaron los cabildantes y el pino de la calle Cuyo (actual Sarmiento) que pintó y describió Carlos Enrique Pellegrini, padre de quien fuera presidente de la Nación.
. Años antes había publicado junto con Adrián Béccar Varela, dos tomos sobre la nomenclatura de las calles y las plazas de la Ciudad de Buenos Aires.
Perito Moreno debajo del Aguaribay
Foto AGN
Más tarde, en 1938, fue la ComisiónNacional de Museos, Monumentos y Lugares el Históricos el organismo encargado de catalogar y decidir qué árboles serían considerados como parte de la memoria colectiva y por lo tanto conservarse.
Udaondo integró, hasta 1948, esa Comisión -presidida por el historiador Ricardo Levene- que declaró los primeros árboles históricos mediante decretos de Ramirez Farrel y Juan Domingo Perón ; fue presidente de la Comisión de Parques y Museos de la provincia de Buenos Aires y Director del Museo de Luján.
Un 23 de septiembre de 1940, en una sesión de la comisión se debatió un pedido de los empleados del Banco Municipal de Buenos Aires y del Consejo Escolar 15, para que “un gajo del Pino de San Lorenzo sea pantado en un lote del organismo.  Udaondo tomó la palabra y explicó que los pinos no se plantaban de gajo sino de semilla y que habíra que pedir piñas para extraerlas al convento de San Lorenzo. La comisión, resolvió que se hiciera de ese modo, atendiendo la inquietud.
La Sociedad Forestal Argentina, entonces, entre sus actividades se dedidó a señalar árboles históricos con placas ovaladas.
El 3 de febrero de 1913 colocó una chapa en el Pino de San Lorenzo y la tarea continúo para distintos exponentes naturales en el país. En la ciudad de Buenos Aires siguó  con el Pacará de Segurola, el Aromo del Perdón plantado por Manuelita Rosas y  se colocó una placa muy notoria en la Magnolia de Avellaneda. Esa distinción fue robada, y luego encontrada a la venta en un anticuario del barrio de Belgrano.

A pesar del intenso trabajo, hasta 1944 el único árbol catalogado por norma como histórico era el Aguaribay del Perito Moreno, declarado de ese modo en 1943. Distintas normas, fueron aumentando el listado. En 1946 un decreto comenzó a formalizar las nominaciones.
Actualmente la ciudad de Buenos Aires cuenta con la cuarta edición de un inventario de una docena de Arboles Históricos y Notables de la Ciudad de Buenos Aires  (algunos son retoños de los originales), que se elaboró en 2001, durante la gestión del socialista Norberto La Porta como Secretario de Medio Ambiente.
En 2009, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires sancionó la ley 3263 de Arbolado Público Urbano con el objetivo de protegerlo e incrementarlo y creó un Registro de Arboles Notables e Históricos.

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