13.5.12

El subsuelo y el tránsito


De La cabeza de Goliat (1940), del autor de Radiografia de las Pampas, Ezequiel Martinez Estrada , santafecino, antiperonista practicante (1895-1964)

Microscopía de Buenos Aires


La vía de escape al exceso de ansia de velocidad se abre bajo tierra —en todo sentido. El subsuelo de Buenos Aires sirve de válvula de escape y entubamiento a la energía sobrante. Subterráneos, cables eléctricos y telefónicos, aguas corrientes, tubos neumáticos, son sistemas circulatorios y el simpático de la urbe...

Necesitamos huir vertiginosamente, aunque sea por dentro de la tierra, so pena de trastornarlo todo, según había ocurrido antes con las lluvias. Por eso el subterráneo está en íntima relación con la pampa, y lo que parece ser más reciente se suelda a lo antiguo, que es lo más reciente en las formaciones geológicas.

El problema del tránsito, tal como se concibe respecto del ancho de las calzadas y el número de los coches en circulación, es también el problema de abrirse camino, de sacar ventaja, de estrecharse y alargarse para no chocar de frente y llegar antes. Como si importara para algo. El tránsito en el centro de la ciudad, tal como está trazada, sería prácticamente imposible sin la maravillosa rapidez de concepción y de reflejos, sin el golpe de vista de hombres de cuchillo que tenemos. Ya en la presteza del paso, ya en la lentitud desafiadora al cruzar las calles, hay un reto del jinete desmontado a la máquina. Esquivamos el accidente con la vista tanto como con el cuerpo. Cuanto más se piensa resulta más inexplicable que nuestro pueblo, excelente en la carrera, el y la gambeta, haya relegado a mensajeros y repartidores la bicicleta antes aristocrática.
Debe ser desdén por prejuicios de índole caballeresca. Cabalgar un simulacro que anda a impulsos de las piernas es una parodia indigna de la equitación, y nos repugna por el respeto de jinetes que no tenemos.
El tranvía debiera ser el convoy que circulara entre la capital y las ciudades y pueblos suburbanos, en razón de que ya han pasado a depender de ella en calidad de suburbios. 
¿Qué vehículo es el propio de la capital? Sin duda el subterráneo, que tiene la ventaja, además de muchas que derivan de circular sin los obstáculos del tráfico, de ofrecer muchas sugerencias sobre estos asuntos: es un sistema de traslación más bien que de viaje; reduce a su esquema mecánico el acto de ir de la casa a la tarea; supone una fuga de la realidad ciudadana; tiene implícito un carácter de orgulloso encubrimiento de la condición servil del ciudadano (los pasajeros parecen desligados de su obligación de trabajar; no se los mira desde fuera, por los que no tienen deberes a horario que cumplir; forman todos una suerte de miembros de una familia, o de una clase, etc.); se ahorra tiempo, que es una forma de aprovechar los minutos del descanso; no se experimenta la tentación de la libertad; no mortifica que los contratiempos de las interrupciones del tráfico; se sabe de antemano dónde se detendrá el tren y el momento preciso de la llegada; se viaja, sin ninguna interferencia de otro género; es casi imposible en encuentro fortuito con personas desagradables, o siendo inevitable se establece una tolerancia propia de toda necesidad extraña al personal arbitrio; llega a constituir un acto involuntario mucho más parecido a la alimentación y a la tarea del empleo que al moverse pensando en lo que se hace. Pero el subterráneo se relaciona mucho más con la ciudad que con el pasajero, por lo mismo que éste es conducido sin que deba pensar sino en el momento de bajar del coche.

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