23.11.16

Martina Céspedes, Sargenta Mayor del Ejército en 1807

Por eso y lo otro, a mi tío Avelino Carril, que
El escritor Avelino Carril en el bar El Aconcagua
San Telmo
nació en 1926 como primer hijo de mis abuelos,
 le perdí la pista hace tiempo. No tuvo hijos, así que
no tengo primos por ese lado. Solo un día, 
cuando estaba preparando mi ex programa radial
 sobre la historia de la Ciudad de Buenos Aires
encontré su letra maravillosa acerca de su barrio,
San Telmo. ¡Qué cosa! sin saberlo, el tío y yo
recorríamos el mismo camino. Y leí que "el vecino Avelino Carril, viejo escritor y cerrajero con puesto en el mercado de San Telmo, bregó durante años por que la calle, que honra a un rey italiano que nunca conoció la Argentina muerto en un atentado anarquista, fuera bautizada con el nombre de Martina Céspedes. Jamás encontró el debido eco entre los legisladores de la ciudad".La que sigue
es una de sus historias :

Martina Céspedes
por Avelino Carril

Vecina del barrio de San Telmo, doña Martina Céspedes fue nombrada “Defensora de Buenos Aires”
por su actuación durante las segundas Invasiones Inglesas del 5 d julio de 1807. Le fue concedido el grado de Sargento Mayor del Ejército y luciendo su uniforme desfiló junto al entonces gobernador Las Heras, en una procesión de Corpus del año 1825. Son pocas las fuentes que hoy contamos sobre esa heroína del barrio, una de ellas es el libro “San Telmo, su pasado histórico, escrito por el Padre Manuel Sanguinetti, cura durante muchos años de la parroquia San Pedro Telmo, y editado por la República de San Telmo en 1965, que dice:

“Entre los vecinos animosos que se quedaron desafiando el peligro, estaba doña Martina Céspedes, que con sus tres hijas atendía un pequeño negocio en su propiedad (hoy Humberto Primo 355) en el barrio del Alto. Los ingleses entraban en los almacenes abandonados por sus dueños para proveerse de bebidas y comestibles. Doce de los soldados británicos se aproximaron, algo ebrios, a la casa de doña Martina, quien sin temor alguno los recibió en el umbral, prometiendo darles lo que pedían, con una condición: siempre que penetrasen de a uno por la puerta entreabierta al interior del negocio. Al entrar el primero, doña Martina cerró la puerta, y aprovechando el estado de embriaguez en que se encontraban los soldados, ayudada por sus hijas, le quitó el arma para amarrarlo… y así hizo con los demás.
¡Pero si estoy viendo a un aguatero y lavanderas que vuelven del río y hoy es 5 de julio de 1807 y todos los vecinos entran en la calle a los gritos!
Las tropas inglesas vienen por la calle de Santa Bárbara (actual Avenida San Juan), también por la del Puerto (actual Humberto I°) y van por la Residencia! (conjunto edilicio construido por los Jesuitas, formado por las actuales Iglesia de San Pedro Telmo y el Museo Penitenciario Antonio Balvé) ¡Nos invaden –a la defensa y hasta el fin de la resistencia!
Ya en lo alto de la iglesia Nuestra Señora de Belén veo flamear la bandera inglesa y escucho los cañonazos de la escuadra enemiga saludando la usurpación. Llueve y el frío es intenso pero… ¿qué veo?¡ Sí, sí! Son los vecinos del Alto, muchos descalzos y apenas sin ropas y con más piedras que fusiles, negros, mestizos españoles y criollos han puesto sitio al invasor, impidiéndole el avance hacia la Plaza Mayor (actual Plaza de Mayo).
Arrecia el temporal y su viento helado, pero nadie piensa en la noche, esperando a Liniers y sus tropas para batir el enemigo superior en número. Ya amaneciendo y gris, una exclamación saluda a los patriotas que vienen avanzando por la calle de San Martín (ahora Defensa) y junto a los valientes de San Telmo, rápidamente logran rendir al ejército inglés. Y ahora una tal Martina Céspedes, abriéndose paso a los empujones entre los vecinos todos celebrando, logra llegar hasta Liniers.
-“Capitán, en mi pulpería tengo prisioneros a once soldados ingleses y ruego a usted que pase a llevárselos.
-“Pero estimada señora, ¿cómo habéis hecho para prenderles?
-“Se presentaron en mi casa para saquearla y emborracharse, y les dije que lo mejor sería que vayan pasando de a uno a la vez. Cuando ya ebrios, con la ayuda de mis hijas los maniataba y los depositaba en los fondos, hasta llegar a los doce.
-“Señora, disculpadme, pero no habéis bebido vosotras también, porque dijisteis que teníais once prisioneros.
-“Sí, porque son los que entrego.
-“¿Y qué fue del duodécimo, acaso lo habéis muerto?
-“¡Vive Dios! Es libre y es prisionero de Josefa, hija mía, y todo entero. Y prendidos por amor todo es posible. Se aman y el amor es invencible”.

Por el barrio de San Telmo – el de Martina-, para la ciudad y el mundo que nos visita, su historia persiste; continúa transmitiéndose a través de sucesivas generaciones y considero un deber continuarla en defensa de nuestra identidad.
Entre algunos veteranos vecinos, se escucharon objeciones en cuanto a sus virtudes morales, manifestando que prostituía a sus hijas, pero, ¿quién le tirará la primera piedra? ¿Acaso Humberto I°, el príncipe italiano asesinado por un anarquista y que nunca conoció la Argentina? La calle del Comercio, donde Martina tenía su almacén, hoy lleva ese nombre ajeno a nuestra historia.
Humberto I° nace en San Telmo y se desplaza hasta la altura del 3600 y si se interpreta como un homenaje a la colectividad italiana y sus descendientes en nuestro país, que siga llamándose así. Sólo proponemos pellizcarle unas pocas cuadras, desde la avenida Ingeniero Huergo hasta 9 de Julio. Y n consideración a nuestra identidad, rebautizarla con el nombre de Martina Céspedes.

La casa de Martina en San Telmo fue demolida, la ley que la tendría que haber protegido como monumento histórico llegó tarde, y hoy tenemos un edificio de departamentos modernos en Humberto Primo 355, al lado del colegio Guillermo Rawson. En su costado una placa (que fue robada el año pasado) nos la recordaba, y dentro del colegio se conserva la reja de la ventana de la que fuera su casa. Bien mirada, cerrando los ojos, podemos ver a Martina detrás de ella y como esperando una flor de nomeolvides.

Los esperamos en la esquina de Martina Céspedes y Defensa a tomar un café. En la borra del mismo, quizá nos estén esperando el aura de Margarita Oliden, Tita Merello, Niní Marshall, Malena, Biba Bidart o alguna otra de aquellas mujeres excepcionales que fabricaron la historia de estas calles para hacernos volar bien lejos con otras inspiradas aventuras. ¡Chau!

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